top of page
  • Foto del escritorCarmen San Antón Pedernales

LOS TACAÑOS

Pertenezco a una generación que por razones políticas y sociales se dividió en dos grandes grupos:

Los jóvenes satisfechos, más o menos, claro, con su mundo y las perspectivas que éste ofrecía.


Los insatisfechos que admirábamos casi todo lo que nos llegaba: los hippies con su ingenuidad que entonces era emocionante, revolucionario, exótico, étnico, sexi con su música, el amor libre y la maría. Y su insistencia en la amistad, las comunas, las comunidades, todo lo contrario al capitalismo opresor, a la vez que leíamos el Libro Rojo de Mao, por qué todo lo prohibido por el régimen nos parecía bueno y había muchas prohibiciones y por lo tanto, muchas cosas buenas, como lo hemos comprobado al terminar el dichoso régimen de execrable recuerdo.

El movimiento hippy y la efervescencia política que respirábamos, marcaron el inicio de nuestras relaciones amistosas, teníamos poco dinero, poca edad, y muchos amigos.


La amistad fue transcurriendo a lo largo de décadas, y ya con canas en el pelo, seguimos, cada vez más insatisfactoriamente por mi parte. La insatisfacción callada me generaba agresividad y culpabilidad.

Me hallaba dentro de un bucle, si eso que me molestaba había estado siempre ahí,¿ por qué ahora sí y antes no? Era una fantástica familia de 5 miembros, estupendos, progres, cultos, viajeros, inteligentes... y tacaños.


Dejar de frecuentarles, me parecía un lujo que no me podía permitir, no hay tanta gente así de estupenda y agradable, con toda una vida detrás de gratos recuerdos compartidos. Esas cosas, dan seguridad en la "madurez madura", te anclan en tu puerto y te sujetan en las marejadas.

Esos pensamientos me ayudaban ( me ayudan) a continuar con las amistades en crisis, y no me parece mala idea por qué de las crisis se sale apoyándote en todo lo bueno del otro u otros, lo malo es inevitable...Su "extraña" tacañería, tan asentada en todos ellos, me llamaba la atención, era una tacañería existencial, no es que no cumplieran con su obligación social de pagar o compartir, era otra cosa... que se manifestaba en detalles mínimos , que como todo en esta vida, se fueron agudizando con el tiempo y que me producían una gran turbación.


Un día recibí una llamada de mis amigos, dos de ellos iban a realizar un curso muy interesante en la Universidad, y sabían que a mí también me gustaría, podría quedarme en su casa, y acudiríamos juntos a las clases. Tenían una espaciosa casa en el centro de la ciudad y yo iría tan contenta, les dije, recordaríamos viejos tiempos universitarios con sus rituales de cafés, cervezas, vino, cenas...y demás, cada cosa a su hora y disfrutando del momento.

Desayunaríamos y comeríamos fuera para aprovechar el curso, así que no tenía que preocuparme de llevar nada a la casa, como hacía otras veces, me dijeron. Tenía deseos de salir y divertirme, les dije: Es perfecto. Diez días de vacaciones.


La primera mañana salimos de casa ilusionados hacia nuestro curso, pero, yo iba un pelín "mosca". Mis dos amigos se habían tomado un zumo de naranja cada uno y no me habían ofrecido! Qué tonterías tienes!,

me dije. Con la actividad del día, gratificante y entretenida, me "limpié" rápidamente de esa pequeña anécdota mañanera y todo fue sobre ruedas.

El segundo día, ocurrió lo mismo. ¡Pues haberte hecho el zumo!!No te cortes tanto chica, que hay confianza! me hubiera dicho cualquier persona sensata.

Ya, pero es que a veces hay que ofrecer, por mucha amistad que se tenga. Y para mí, éste hecho, lo era. El primer día me lo tenían que haber ofrecido, sin embargo, bebían sus zumos como quien se toma una medicina, rápidamente y casi de espaldas, mirando hacia una ventana.


Dado que todos los días desayunábamos en el bar los tres juntos y junto con los cafés y las tostadas, yo siempre pedía un zumo para mí, me extrañaba que no se dieran cuenta.

Tercer día, cuarto, quinto... todos los días lo mismo y yo con mi "limpieza mental". Al octavo día, día arriba, día abajo, ya me empezaba a parecer casi divertido, no quería meterme en un bucle tan tonto. Sí me enredaba con mi mente, que por lo menos, fuera con una historia con sustancia y no por un p.... zumo de naranja.


Así, fueron transcurriendo los 10 días, yo cada vez mejor pues mis "trucos" mentales y emocionales me funcionaban. ! A los amigos los coges o los sueltas!, decía siempre una amiga mía. Yo no quería soltarles.

Llegó el día de la y fuimos a tomar el último desayuno en la estación de ferrocarril, me sentía feliz, había olvidado ya lo del dichoso zumo y el curso había sido provechoso. Mis amigos pidieron dos cafés, (ya se habían tomado su zumo) y yo, lo mismo, dije. Uno de mis amigos dijo de pronto:


!tómate un zumo de naranja, mujer, que es barato!.


Vaya!, yo que había conseguido olvidar y no dar importancia a ese detalle, y él me lo recuerda justo cuando nos vamos a despedir, evidentemente ellos eran totalmente ajenos a mis rollos mentales y por mi parte, así seguiría siendo.

No tomé zumo y nos despedimos afectuosamente como hacen los viejos amigos.


No les he vuelto a ver, tengo habilidades sociales y me escaqueo con elegancia, afortunadamente hay muchas disculpas, el trabajo, mi anciana madre, los viajes, los hijos, la salud,...Son mis amigos y no está la vida para perder tesoros, pero no soporto a los tacaños.

133 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

UN CUENTO CHINO.

Erase una vez una joven mujer casada que no soportaba a su suegra con la que compartía la casa familiar. La situación empeoraba cada día y no parecía que tuviera solución, dado que ocurrió en un tie

Comments


bottom of page