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  • Foto del escritorCarmen San Antón Pedernales

Reflexiones sobre el abandono de la violencia

PERDÓN.


Tienen que pedir perdón, dijo la política fracasada, heredera de dos políticos corruptos, satisfecha con su izquierda acomodaticia.


Tienen que pedir perdón, dijo el periodista serio, patriota, católico, folklórico, monárquico y bigotudo.


Tienen que pedir perdón, dijo el obispo, miembro de una organización que tardó 400 años en pedir perdón a Galileo Galilei, que no había matado a nadie.


Tienen que pedir perdón, dijo la periodista de la tarde, compradora de todo lo políticamente correcto y vendedora de humo negro.


Tienen que pedir perdón, dijo la buena mujer, buena madre, buena amiga, buena ciudadana. Buena.


Tienen que pedir perdón, dijo el filósofo con cara de sapo, nostálgico de viejas luchas justas, perdedor de todas las elecciones, fundador de partidos inexistentes, ocupador de plazas públicas con malas compañías, escritor de éxito y demócrata monárquico.


Tienen que pedir perdón, dijo el viejo banquero, muy banquero, experto en trucos financieros.


Tienen que pedir perdón, dijo el político ambicioso, autoritario, antipático, prepotente, manipulador, baboso ante los poderosos, inductor y cómplice de guerras.


Tienen que pedir perdón, dijo la millonaria tertuliana, conocedora de todos los chismes, con su fea boca operada, inyectada con vulgaridades, perfidias y virulencia.


Tienen que pedir perdón, dijo el artista, "artista" de todo poder, acreedor de medallas, miembro de la Academia, fuerza viva de su terruño.


Tienen que pedir perdón, perdón, perdón,.... dijeron todo@s las gentes de bien.


No voy a pedir perdón, dijo la condenada, lo que he hecho es imperdonable, todavía no me he perdonado a mí misma. ! Darme tiempo ! ! El tiempo lo cura todo!





EL BORRACHO.


Había una vez un hombre borrachuzo, pendenciero, que cada vez se ganaba más enemigos. Sus allegados y toda la sociedad le decía: Deja de beber y jugar, intégrate en la sociedad aceptando sus reglas y haz un firme propósito de no volver a las andadas, entonces serás como uno de nosotros y participaras libremente en la vida social.


Al borracho le costaba, estaba firmemente agarrado a su botella y sus colegas, pero cada vez más solo y desquiciado. Fue largo el camino, parece que sí, parece que no...Pero lo consiguió. Se integró y con éxito, había gente que le animaba y sintió que estar limpio, integrado e ilusionado, es mucho mejor que ese pasado turbio que por poco le lleva al suicidio.


Pero, estaban los de siempre, los que no desean que cambies, los que desean un "malo", un "paria"...,los que te querrían ver "borracho" sin remedio, para ser los "buenos". Los ignorantes, los mediocres, los cínicos que gritaban constantemente: !Eres un borracho ! !Un pendenciero" !No creo que hayas cambiado!, no te escucho, eres un lobo con piel de oveja.

Pero, si no bebo, ni juego, ni peleo, dijo el borracho. Es igual, tu pasado es tu presente, dijeron a coro los puros inmaculados! tú serás siempre nuestro borracho!.


Tienes los enemigos que mereces, nunca te creerán, por tanto, intenta “merecer” a la gente que te apoya e ignora a los enemigos que te odian, le dijo su voz interior. Este propósito, consolidó su sanación e integración social, había aprendido a proponer en vez de imponer. La vida así es mucho mejor, ya no necesito la botella.


PERDÓN y el pequeño cuento EL BORRACHO, son una reflexión sobre el tránsito que deben realizar o han realizado algunas personas que han pertenecido o apoyado organizaciones armadas de izquierda con atentados sangrientos a sus espaldas y las reacciones que provoca su integración política y social.


Para muchos, es una buena noticia el abandono de la violencia y el proceso pacífico de restauración de la razón y la convivencia paso a paso.

Para otros, parece que haya sido un disgusto, repiten y repiten su nombre, el nombre de la organización, a ver sí así, a fuerza de nombrarla una y otra vez, resucita como a través de un sortilegio.


Diríase que esa violencia (con su hedor) tapaba sus vergüenzas y mediocridades. La muerte lo oculta todo, y a veces hace buenos a los que no lo son. Ha llegado la hora de la política (el sustituto de la guerra) y ahora vemos bien quién es quién. Corramos la cortina y que entre el aire, ventilemos nuestras cabezas y corazones del virus de la violencia, la ignorancia y la hipocresía y vacunémonos con la mejor medicina, el sentido del humor, la expresión más elevada de inteligencia.


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