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  • Foto del escritorCarmen San Antón Pedernales

Un secreto de FAMILIA.

Perpetua, se llamaba así, tenía 87 años cuando la conocí, siendo yo una joven enfermera en una zona rural de nuestro país.

Vivía sola muy a gusto y tuve la impresión de que siempre había estado así, sola, desde su nacimiento, se notaba que tenía mucha práctica y que posiblemente, creía que era la forma natural de vivir, sobre todo de las mujeres.

La visitaba frecuentemente debido a mi profesión, ya se sabe, la tensión, el Cintrón, y sus numerosas pastillas que yo vigilaba semanalmente.

Un día me dijo, es mi cumpleaños Teresa, quieres tomarte un vinito conmigo?.

Dije, sí gracias, Perpetua y sacó un vino con aceitunas, chorizo y pan.

Era mi última visita de trabajo y como me resultaba una anciana muy curiosa no me importó pararme un rato a charlar.

Animada por la compañía y su vinito me contó su vida:

Me casé joven con mi Eusebio, tenía 18 años y él, 20 años. Enseguida vinieron los hijos, tuve 5 varones, 6 hombres en mi casa, te lo puedes imaginar...Al principio y mientras criaba, el tiempo pasaba de prisa, no tenía tiempo de nada, trajina que te trajina, no me aburría por falta de tiempo para aburrirme.

Empezaron a trabajar pronto, en cuanto pudieron, en el campo con su padre y en la construcción. Salían temprano por la mañana y volvían a partir de las 7 de la tarde para cenar, cansados y sin ganas de hablar.

Para hablar está la taberna, en casa cuando pusimos la televisión, comíamos en silencio por que el que come y canta un sentido le falta.

Tendría yo unos 40 años cuando empecé a aburrirme, fue una novedad, no sabía lo que era eso y es una cosa muy triste. A mí no me gustan las labores, he sido muy criticada por ello, no me gusta coser ni bordar, ni siquiera los rosarios ni llevar flores a María.

!No pareces una mujer¡, decían mis padres muy preocupados. A mí me gustan las novelas, las de la radio y las de la televisión, más que la cháchara con la mujeres en la plaza, en las novelas ocurren cosas tremendas en sitios que no sé ni donde están y me quitan las tristezas, aunque sean novelas tristes, sabes Teresa, te gustan a ti?, sí, mucho, dije yo.

Pues como te iba diciendo, siempre sola en la casa, un día bajé a la bodega a por vino para guisar un conejo, lo recuerdo como si fuera hoy, y me tomé un vasito, me gustó y me animó mucho y tomé otro y me animé más. Vi que encima de una mesa había tabaco, y me dije, qué se sentirá?, algo tiene que tener cuando los hombres fuman y fuman tan contentos y encendí el primer cigarro de mi vida, me mareé pero seguí probando y me pasó como con el vino, me gustó y me aficioné al vino y al tabaco, !que

vergüenza! y así cuando mis hombres se iban a la labor, mientras hacía las faenas de la casa, yo me fumaba mis cigarros y tomaba mi vino.

Al principio sentía como vergüenza y miedo, pero me di cuenta de que ellos no decían nada y que yo, no les parecía rara ni diferente, aunque yo me sentía así, rara y diferente,

pero me acostumbré enseguida. Es verdad que tenía cuidado, yo hacía todas las faenas e incluso, más. Me esforzaba mucho con los guisos para que estuvieran contentos y no me descubrieran. Los sábados y domingos que andaban por casa, ni fumaba ni bebía, sí que es verdad que deseaba que llegara el lunes para estar a solas con mis novelas, mis tareas y mis "pecados".

Así transcurrieron 30 años, se dice pronto, cada uno con su rutina y ni una voz más alta que otra, ya te he dicho que somos de poco hablar y poco reír, somos gente seria y honrada.

Yo vivía tranquila, era una mujer de mi casa y un ejemplo para el pueblo, siempre callada y sin entrar en chismes ni perder el tiempo como otras zascandiles que andan de aquí para allá como perdidas.

Hasta que un día, después de un catarro fuerte que tuve, el médico llamó a mi marido.

Eusebio acudió con el mayor, Antonio, al ambulatorio y cuando volvieron estaban serios y con el ceño fruncido.

¿Qué tengo?, pregunté yo, bastante asustada.

Hay que esperar que lleguen unos resultados de la capital, dijeron ellos.

Pasaron unos 15 días más o menos, cuando mis hombres, muy serios, me rodearon y dijeron:

Ya tenemos las pruebas, tu fumas y bebes.

No, dije yo, en la vida he hecho yo semejantes cosas.

Calla, malamujer, dijo mi Eusebio, cuando el médico nos lo dijo no lo podíamos creer, tienes una enfermedad en los huesos y otra en los bronquios, por fumar y beber. En la vida hubiera esperado eso, así que te hemos puesto unas trampas para ver si era verdad. Hemos puesto una señal en la barrica de vino y te hemos dejado cigarros adrede para ver si faltaban. Así ha sido. Lo hemos visto con nuestros propios ojos. !Que vergüenza!. !Seguro que se ha enterado medio pueblo!

No, dije yo, hecha un flan, nadie lo sabe. Lo juro por la memoria de mi madre.

No jures, Perpetua, solo te falta eso para parecer un carretero, incluso tienes bigote y pelos en la cara, ahora que te miro, los veo, seguro que son por el vino y el tabaco y me arreó dos tortas, plis-plas, una en cada mejilla.

Bueno, se tranquilizó, sí solo lo sabe el médico que no es del pueblo ni vive aquí, nuestra honra está a salvo. Será un secreto de familia. Me voy a la cama, mañana será otro día.

Nunca más volvimos a hablar del tema, ni de ningún asunto y por fin, al cabo de unos años, murió Eusebio. !Que Dios le tenga en su Gloria! y mis hijos se fueron a hacer su vida, cada uno en su casa.

Sola por primera vez en mi vida, volví a mis aficiones, tu ya me entiendes, Teresa, dijo ella.

Pero, Perpetua, exclamé yo, ¿Tu fumas y bebes?.

Fumar, no fumo, ya sé que es muy malo, además no sé como iba a conseguir el tabaco, ya no hay hombres en mi casa y no voy a ir al estanco a comprar, a todo el pueblo le parecería raro. Pero las novelas y mi vino no me lo quita nadie. Teresa, dijo de pronto asustada, no se lo dirás al médico, verdad?, llamaría a mis hijos y me encerrarán en el asilo.

No te preocupes, Perpetua, es un secreto de familia, no se lo diré a nadie. Volveré la semana que viene a verte, no te olvides de la medicación ni del régimen, tienes la tensión un poco alta, dije dándole un abrazo.

Me miró entusiasmada, y sonriendo dijo: !Te invitaré a un vaso de vino! !No me gusta nada beber sola!.










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1 comentário


haizetxu1
22 de jun. de 2023

Me ha encantado secretos de familia, al igual que los anteriores, pero este destaca por su brevedad y sencillez, que aún si no le impide mantenerte con la intriga hasta el final!! muchos gracias y sigue sorprendiendonos con tus relatos!! te quiero! Bss

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